El papel del error en la clase de inglés: corregir es una decisión, no un reflejo
Corregir es un reflejo en la enseñanza. El alumno dice «I has» y el profesor dice «I have». Automático. Pero Teresa Benito Marcos, en su libro sobre el speaking, propone que la corrección sea una decisión consciente, no un reflejo. Y que la decisión dependa del tipo de error, el momento y el objetivo de la actividad.
Tres tipos de corrección
El libro distingue tres momentos:
- Corrección en caliente: interrumpir al alumno mientras habla. Solo tiene sentido cuando el error impide la comunicación. Si tu interlocutor no te entiende, necesitas corrección inmediata. En el resto de casos, interrumpir hace más daño que bien.
- Corrección en diferido: anotar los errores y trabajarlos después. Mantiene el flujo del habla y permite agrupar errores. «Varios dijisteis ‘I am agree’ — la forma correcta es ‘I agree’.» El alumno reconoce su error sin exposición.
- No corregir: dejar pasar el error. Cuando el error es esporádico, cuando el alumno está probando una estructura nueva, cuando se resolverá con más práctica. No corregir es tan activo como corregir: es una decisión pedagógica.
El coste de la sobre-corrección
Cuando un profesor corrige cada error, el alumno aprende una lección no intencionada: hablar es peligroso. Cada palabra es un examen. Y la reacción natural ante el peligro es evitarlo: el alumno deja de hablar. La sobre-corrección, con la mejor intención, produce el efecto contrario al deseado.
Benito Marcos cita un dato revelador: en clases donde el profesor corrige en caliente cada error, los alumnos producen menos oraciones complejas. Se limitan a frases cortas y seguras para minimizar el riesgo de error. La sobre-corrección empobrece el habla.
El beneficio del error no corregido
Algunos errores se resuelven solos. El uso de la «s» en tercera persona del singular («he go») es un error que aparece en 1º de ESO y se resuelve con exposición y práctica, no con explicaciones. Si corriges cada «he go» que oyes, gastas tiempo en algo que se resolvería solo. Si lo dejas pasar y das más oportunidades de speaking, el error desaparece.
La corrección como herramienta, no como filosofía
El libro no defiende «no corregir» como filosofía. Defiende usar la corrección como herramienta, en el momento adecuado, para el tipo de error adecuado. Es pragmatismo puro: corregir lo que sirve, dejar pasar lo que se resuelve solo, y nunca interrumpir el flujo del habla para corregir un detalle que no impide la comunicación.
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